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Dulce como la caña de azúcar es tu nombre
Dulce como la caña de azúcar es tu nombre
y de ello te viene lo de Villar de Cañas
aunque algunos te quieren convertir
en Villar de las Amarguras
si prospera ese despropósito de instalar
un basurero de residuos radiactivos en tu término
solo mancillado hasta ahora
por la inmaculada nieve y por los ventiscos.
Caía la nieve en Villar de Cañas
en esos inviernos largos y fríos
en que los cielos se volvían blanquecinos
y el pueblo más sublime al sentirse de pronto invadido
y querer hacer por ello de hospitalario huésped.
Blancos los campos y los pequeños cerros testigos
se le congelan las ideas a la torre de la iglesia
y se vestía a tono con el día
para pasar desapercibida y no ser motivo de escándalo.
Eran inviernos largos de oraciones, preces y letanías
y de troncos de viejos olivos ardiendo en la chimenea
bajo la luz tenue de una perilla
que de vez en cuando se apagaba y nos dejaba a oscuras
y esto ocurría en todos los pueblos de Cuenca,
entre ellos el mío,
cual estampa sacada de una misma fotografía.
Llegaba la nieve para todos y su manto se extendía
sobresaliendo entre tanta blancura las hiladas de árboles
a un lado y otro de ese camino
que llevaba a la ermita de la Virgen de la Cabeza
tan paseado por unos y por otros.
Era el camino como las vidas de las personas de ida y vuelta
y entre medias algún pequeño descansillo para liar un cigarrillo
y hacer alguna que otra promesa al ser querido.
Ya no volverán inviernos míos
a caer la nieve de la misma forma,
ni los troncos de leña morirán en la chimenea
víctimas de una lenta agonía,
ni la perilla de la habitación
que hacia de comedor, pasillo y cocina
volverá a pagarse ante el soplido de una mosca,
ni la cortina de la puerta de la casa
hecha con chapas de botellas de refrescos
sonarán como el órgano de la iglesia en un día de misa Mayor.
Los inviernos en Villar de Cañas ya son diferentes
y lo serán más todavía ahora que está a punto de caernos
como si fuera un maleficio, plaga divina o cabezonería humana
la peor de las tragedias que le puede suceder
a cualquier hijo de vecino.
Serán inviernos de olores perdidos y de sensaciones extrañas
y más sabiendo que cerca tendremos al mismísimo demonio enterrado
dentro de una bala de metal fundido esperando escaparse
para llevarnos a esos reinos perdidos
de los que mucho se ha escrito pero poco se sabe por fortu
Esos camiones que desfilarán por los polvorientos
El aleteo de las palomas y de las aves acuáticas
camino de las zonas lacustres,
dejando a su paso tenues gemidos de admiración,
no tiene nada que ver con el ruido seco del motor
de unos de esos camiones que desfilarán
por los polvorientos, ahora, caminos de Villar de Cañas
llevando a lomos una carga maldita que será un a ¿…? constante
en la vida de todos los nacidos y por nacer en estas tierras.
Aquí, todo suena igual,
otras melodías vendrán
y otras orquestas traerán
nuevos cantos a ritmo de días desgarrados.
Autor: Nabucodosor
Como al árbol hueco
Que no os ocurra
como al árbol hueco
de Villar de Cañas
aquel que estaba camino de la ermita
y al cual acudían los enamorados
para hacerse alguna fotografía.
Frondosa cabellera
las ideas se le iban
a través de un gran hueco
que se abría
como si fuera una gran ventana abierta
a una nueva vida.
Cuantas ilusiones perdidas,
cuantas palabras de amor
en su tronco escritas
y cuantas promesas incumplidas.
Hueco el corazón,
la razón perdida
y el alma en un puño escondida,
el fantasma del árbol hueco de Villar de Cañas nos vigila
y desde ese camino de la ermita
muestra su repulsa y grita:
¡El basurero de residuos nucleares será vuestra ruina!
Autor: Nabucodosor
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