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A mi voz le duele soltar las palabras
Mi voz esta rasgada y rota
como la música que sale de una guitarra desafinada.
A mi voz le duele soltar las palabras
y dejarlas libres
para que vayan de puerta en puerta y de casa en casa
pues tiene miedo
a que sean mal entendidas
y de retorno a su morada vuelvan malhumoradas.
No hay freno a la codicia
ni estaca para sentar cátedra.
En este mundo manda la codicia
y pobre de aquel que no aspire a nada.
En Villar de Cañas aspiraron a tener
un basurero nuclear
y como quien calla
van y se lo ponen
allí donde por el podenco no daba nadie nada.
Casualidad o suerte,
estrategia bien marcada o desganas,
lo bien cierto es que de todos los pueblos de España
Villar de cañas será el único
en que para enterrar a un fiambre haga falta
aparte de la caja de madera una fosa bien brindada.
Autor: Nabucodosor
Desdicha de muchos nombres
Mi desdicha tiene muchos nombres
y entre ellas están
el tener alma y corazón.
Sería otro
si a mi mismo me mintiera
pero hoy por hoy,
a fecha 22 de enero,
del año de la poca gracia de 2012,
no cabe en mi alma
otra idea fija
que no sea el luchar
por aquellas tierras
que aunque ingratas
en el orden de lo material
nos dieron a todos
otras cosas más valiosas
y que cual tesoro ocultamos
en una gruta profunda.
A ellas, nuestras tierras,
les debemos el carácter,
la fe,
la esperanza
y la lucha activa.
Aprendimos de nuestros antepasados
con boinas,
pantalones de pana raída,
moqueros de telas,
cinturones de pleita en la cintura,
albarcas y tristes sonrisas
lo duro que era la vida
y que al menos se debía volver a los orígenes
alguna vez a lo largo de nuestras vidas.
Hablo también, decencia obliga,
de esas mujeres,
todas ellas
me vienen a la memoria,
que salían a las esquinas
de las últimas casa de los pueblos
para despedir a los hombres de la casa
que se marchaban por las noches
como si fueran furtivos
a trabajar
pues era lo único que sabían,
ya fuera en la siega,
en la vendimia,
haciendo peonadas de sol a sol
y de luna llena
a luna por el cielo comida,
para algún ricachón de aquellos
de pelliza,
sombrero de ala
y pipa,
de muy buenas palabras y pocas propinas.
Amo le llamaban
y el amo gruñía y no respondía.
Tenemos el alma partida,
fue lo que nos enseñó la vida,
por eso mientras con una mano escribimos
con la otra borramos la frase escrita.
Vacías están nuestras alacenas
de fe, esperanza y ganas de vida.
Se lo pensaron los romanos más de una vez
cuando pasaron por estas tierras,
pues temían a la falcata y al alma indomable
de las mujeres y hombres
que desde los pequeños cerrillos
en forma de morras y morretas
oteaban y salían a los caminos
para ejecutar sobre los invasores su ira.
y los romanos se sintieron rendidos
y se aliaron con sus enemigos los olcades
para llevárselos lejos de sus tierras
y servir allí donde les venía en gana
como soldados de fortuna.
En estos días he creído ver
en una pequeña morra
cerca de Villar de Cañas
a uno de esos celtiberos
de regreso de sus campañas trasalpinas.
Ojo, pues falcata en mano vigila
pues le ha llegado el rumor
de una invasión cercana y continua
que convertirá sus tierras
en sucia materia química y corrosiva,
tan destructiva
como las legiones romanas
cuando pasaban a cuchillo
a los nativos y nativas de estas tierras
todo corazón, todo alma y todo vida.
Autor: Nabucodosor
Cuenca fue la elegida
Cuenca dijo uno
¿Cuenca dijo otro?
¡Cuenca, si!
¿Qué pasa?
Cuenca fue la elegida
pues siempre calla,
da pocos votos
y cuando hacen ruido
enseguida se les calla.
Cuenca es maltratada,
malquerida
y la gran olvidada,
sólo se acuerdan de ella
para metar la pata,
llevarse los dineros
y dejarnos espatarrados
como si fuéramos una rana.
Cuenca dice un listillo
tiene AVE
y unas casas colgadas
que he visto en un botijo
que hay en mi casa,
que fresca está el agua
cuando cae por la garganta.
Villar de Cañas no es una cuadra,
ni tiene ganas de basureros o cementerios
de esos que espantan
pues meten en ellos pepinos
tan grandes como la Giralda
que esconden en unas cámara
y de allí nunca sale nada.
Dicen que donde se instalan
la gente muere a espuertas
como si tuvieran la malaria
y le echan la culpa a un bichillo,
que es como un fantasma.
Tanta hambre tiene
que se come el acero
como si fuera una patata.
Tan malo es el bicho de marras
que nadie lo quiero en su casa
por eso todos lo espantan,
y por eso lo quieren traer a Villar de Cañas.
¡Vaya bicho, vaya tela y vaya cara!
Autor: Nabucodosor
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