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Acudir el día 12 de febrero, hasta este lugar de La Mancha

Venid todos, acudir el día 12 de febrero,
hasta este lugar de La Mancha,
llamado Villar de Cañas,
que vilmente se quiere profanar
con un cementerio nuclear
y venir con alegría y con ganas de demostrar
que el mundo es algo más
que una gran hipoteca envenenada
dejada a un pueblo y a sus hijos
para toda su eternidad.

Venid como lo hizo Don Quijote
para correr una aventura;
para conocer el lugar y para ver
que estas tierras y sus gentes en general
tienen un alma grande y menos dura
que aquellos cuyos ojos solo trasmiten
codicia, ambigüedad y mutismo
y nos han llevado a este callejón tan estrecho y profundo.

Venid a salvar a un pueblo, una comarca y una provincia
de ser un eterno sumidero de materias peligrosísimas
de las cuales lo poco que sabemos
es que tienen un poder destructor tan grande y largo en el tiempo
que la eternidad a su lado es un segundo.

Por eso y otros asuntos
gime la tierra y llora todo el mundo.
por eso, solo por eso,
los amaneceres son cada vez más oscuros.
Por eso se destruyen los glaciares
y por eso se calienta el mundo
y muere cada segundo una especie animal y vegetal
¡Cuánto infortunio!

Venid los convencidos que atesoráis en vuestras mejillas
sonrisa de niñas y de niños,
los amantes de la naturaleza,
los que pensáis que ya esta bien de tanto destruir el mundo,
los amigos de la vida,
los padres y madres que quieren un futuro mejor para sus hijos.

Venid los hijos e hijas de La Mancha entera y de toda España
y hacedlo desde todos los sitios para que al menos se vea
que La Mancha no es un lugar perdido ni el cortijo de un señorito.

Venid por que la tierra es sagrada y porqué sobre ella pervive
la carne, la sangre, el espíritu y los huesos de nuestros antepasados
y porque los hay que lloran y sienten en su alma un dolor profundo.

Venid a dar apoyo, venid a dar consuelo, venid a uniros en un solo grito.

Aquí estaremos, aquí, en nuestro sitio,
como los árboles, como las casas, como los puentes, como las veredas,
como los caminos, como los animales, como las almas de los muertos
que desde los camposantos miran con admiración por encima de sus tumbas
diciendo, estos, solo estos son, nuestros verdaderos hijas e hijos.

Venid vosotros y vosotras,
amigos y amigas, y venid
porque la tierra nos siente,
y el cielo y las montañas nos ven.
Al menos yo esto lo me creo
y pienso como aquel jefe indio
que si de verdad nos lo creemos
llegaremos a viejos y dejaremos a nuestros hijos
un futuro, aunque incierto, mejor. Sin lugar a dudas.

“Venid porque una plataforma llora de impotencia y os pide auxilio”

Autor: Nabucodosor

Este silencio apagado que son las calles de Villar de Cañas

Brota la voz
enmedio de este silencio apagado
que son las calles
de Villar de Cañas
y salgo por un camino
hasta allí donde las estrellas
vienen a jugar
todas las noches
junto a una pequeña alberca.

Es mi presencia
la que se ve dibujada
en ese espejo de hielo
pulido por el viento
y junto a ella
las estrellas que me rodean.

La noche despierta
sentimientos y muchas penas,
son negros temores,
convertidos en frutos
arrancados a la tierra
y malas cosechas,
los que mis ojos ven
junto a una pequeña alberca.

Pienso a la vista de tanta tristeza
que la noche da para estrujarse la sesera
y que allí donde nacen los silencios
nadie espera más gloria que una muerte lenta.

Me llegan todas las noches
en larga procesión atea
las voces de aquellos afectados
por la ignominia
de tener que ver sobre sus tierras
elementos extraños y peligrosos
y exclamo ¡que vergüenza!

Recojo las quejas que me voy apuntando
en un cuaderno de cuentas
y ya más sereno y de vuelta
cual escribiente de aquellos
de negro traje, escapulario y cara de perro de presa
abro el cuaderno y transcribo:

Allí corrían las liebres
y los galgos detrás de ellas.
Allí cogíamos aceitunas verdes
para hacerlas con sosa ¡Qué buenas!
Allí dormía mi padre junto al carro,
después de acabar la siega a la luz de las estrellas.
Allí pastaban las ovejas
y comían de la tierna hierba.
Allí el agua sabía a almendras.
Allí mi padre le dijo un día a mi madre
nunca nos iremos de estas tierras.
Allí los días brotaban de las peñas,
por eso eran tan duros y llenaban las almas de penas.
Allí el manto de nieve se extendía hasta el horizonte
como si fuera un inmenso rebaño de ovejas.
Allí le dije a mi padre quédate tranquilo
que yo cuidaré de las tierras.
Allí allí, allí…puede que allí ya no veas
aquella mano amiga que te decía: ¡Ten paciencia!

Autor: Nabucodosor

Ni en tu pueblo ni en el mío

Ni en tu pueblo ni en el mío,
nada de nada,
pues no hay mayor desgracia
que ver un cementerio de esos
de residuos de energía nuclear
a las puertas de tu casa
y sentir todos los días de tu vida
un escalofrío en la espalda
como si te estuviera llamando con redobles de campanas
la parca con una guadaña.

Es una cuestión de principios
no hace falta que se diga
que hoy se hace por Villar de Cañas
y mañana se hará donde haga falta.

En La Mancha a esto se le dice
compartir las gachas y la navaja,
así que seamos todos amigos y amigas
y sellemos una firme alianza
de estar los unos por los otros donde haga falta.

Un pueblo unido mantiene una esperanza
mientras grita a los vientos del mundo:
¡No queremos cementerio de energía nuclear ni en Villar de Cañas,
Ni en Castilla-La Mancha ni en ningún lugar de España!

Autor: Nabucodosor

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